La comunicación interna no está funcionando

La comunicación interna ha avanzado mucho en los últimos años impulsada claramente por la transformación digital de las organizaciones (Cuenca y Verazzi, 2020), acelerada a su vez por pandemia de la COVID-19 y, como no, también por el trabajo que realiza esta comunidad DIRCI. Hemos sido artífices de la evolución de esta disciplina hasta convertirse en estratégica para las organizaciones. Los departamentos de comunicación interna han visto incrementados sus presupuestos, su visibilidad ante la alta dirección y su acceso a un ecosistema tecnológico sin precedentes. Sin embargo, al observar la evolución de los indicadores fundamentales de la salud organizacional, el panorama resulta desolador. El compromiso de los trabajadores está bajo mínimos históricos, el absentismo alcanza cotas preocupantes, la rotación se ha convertido en una epidemia estructural y la desafección de las nuevas generaciones sugiere que los modelos actuales no solo no están funcionando, sino que podrían estar operando de forma contraproducente.

La premisa de que «la comunicación interna no está funcionando» no es un ataque gratuito a la profesión, sino un diagnóstico de emergencia ante lo que los analistas denominan la paradoja del compromiso. Gallup, en su informe global de 2025, señala que apenas el 21% de los empleados en todo el mundo se sienten comprometidos con su trabajo. Esto implica que el 79% de la fuerza laboral global se encuentra en un estado de desvinculación psicológica, operando bajo las dinámicas del «quiet quitting» (renuncia silenciosa) o, peor aún, del «loud quitting» (desvinculación activa y ruidosa). Este fenómeno persiste a pesar de que las empresas nunca habían tenido tantos canales de comunicación, desde intranets de última generación hasta plataformas de mensajería instantánea y herramientas de inteligencia artificial generativa.  

La desconexión es profunda y sistémica. No se trata simplemente de que los mensajes no lleguen; es que los mensajes no significan. Creo que, en comunicación interna, hemos confundido la eficiencia en la transmisión de datos con la eficacia en la construcción de sentido. Mientras que las organizaciones son cada vez más digitales, las personas que trabajan en ellas reportan niveles récord de estrés, soledad y agotamiento cognitivo. Obviamente la comunicación interna no es la única responsable de esta situación, si tuviésemos que repartir culpas, seguramente la comunicación interna estaría en los últimos lugares, pero si queremos ocupar una posición estratégica, tenemos que asumir esa parte de culpa y hacer una reflexión profunda sobre las causas de esta situación y qué podemos hacer para ayudar a revertirla.

El estado del compromiso global: Cifras de una desconexión sistémica

El informe State of the Global Workplace 2025 de Gallup ofrece una radiografía cuantitativa sobre el compromiso en las organizaciones. La caída del compromiso no es una fluctuación menor; es un retroceso que tiene un impacto directo en la productividad y la sostenibilidad económica de las organizaciones.

 

La rotura del contrato social: Absentismo y rotación en el mercado español

El absentismo laboral se ha convertido en un desafío estructural de primer orden. Durante el segundo trimestre de 2025, el nivel de absentismo en España se mantuvo estable en un preocupante 7.0%, afectando a cerca de 1.6 millones de empleados cada día. Lo más significativo es que el absentismo por incapacidad temporal creció un 8.1% interanual, lo que apunta a un deterioro real de la salud y el compromiso de la fuerza laboral.

Existe una correlación probada entre la falta de compromiso y el absentismo. Los equipos desvinculados presentan tasas de ausencia un 41% superiores a los equipos comprometidos.

A este panorama se suma el fenómeno de la rotación. El 52% de los trabajadores a nivel global están buscando o vigilando activamente nuevas oportunidades laborales. En España, la situación se describe como una «Gran Renuncia» persistente. El 40% de los trabajadores planea dejar su empleo en 2025, hartos del estrés y de la desconexión con sus empleadores. Un factor crítico en esta decisión es la imposibilidad de desconectar: el 80% de los empleados reporta recibir mensajes fuera de su jornada laboral, lo que indica un fallo grave en las políticas de comunicación interna y desconexión digital. 

La Generación Z: El catalizador de un nuevo paradigma laboral

La incorporación de la Generación Z (nacidos entre 1995 y 2006) al mercado laboral supone un desafío para las organizaciones. Esta generación, que representará el 74% de la fuerza laboral en 2030, ha redefinido el concepto de éxito profesional. Ya no buscan simplemente subir la escalera corporativa; de hecho, solo el 6% de ellos aspira a posiciones de alta dirección como su meta principal.

Para la Generación Z y los Millennials, el trabajo es evaluado a través de lo que los investigadores llaman la «trifecta»: dinero, significado y bienestar. Si uno de estos pilares falla, la lealtad desaparece. Casi un tercio (31%) de la Generación Z planea cambiar de empresa en los próximos dos años. Esta movilidad no es falta de compromiso, sino una búsqueda activa de entornos que respeten sus valores y su salud mental.

La comunicación interna convencional está perdiendo la batalla por la atención de estos jóvenes. Un profesional promedio de la Generación Z está expuesto a cientos de impactos digitales diarios, con una capacidad de atención sostenida que se ha reducido a unos escasos 8 segundos. Los mensajes corporativos tradicionales —unidireccionales, largos y formales— simplemente se vuelven invisibles en el mar de notificaciones. Esta generación demanda una comunicación «hazlo tú mismo» (DIY), visual, interactiva y disponible en dispositivos móviles de forma inmediata. Cuando la empresa falla en proporcionar este ecosistema, el joven talento no se siente alienado y opta por la salida. 

La paradoja tecnológica: Más herramientas, menos conexión humana

El avance tecnológico post-pandemia prometía una era de transparencia y eficiencia total. Sin embargo, nos encontramos ante la «Paradoja de la Comunicación Interna»: la digitalización extrema ha facilitado la transmisión de mensajes pero ha erosionado la satisfacción y la cohesión de los equipos. El uso masivo de intranets, Teams, Slack y bots ha creado un entorno de «ruido digital» que genera fatiga cognitiva y estrés emocional.

Investigaciones recientes subrayan que la frecuencia de comunicación a través de medios digitales no correlaciona positivamente con la satisfacción del empleado. Por el contrario, la interacción individual cara a cara sigue siendo el factor que más influye en el compromiso y la felicidad laboral. La comunicación digital, aunque conveniente, es a menudo «pobre» en términos de riqueza mediática (Media Richness Theory), lo que lleva a malentendidos, deshumanización de los vínculos y una sensación de soledad, que afecta al 20% de los empleados a nivel global.

El problema no es la tecnología en sí, sino su uso como sustituto de la relación humana. Las empresas han caído en un «fetichismo de la herramienta», abriendo canales sin una estrategia de escucha o diálogo real. El resultado es que el empleado se siente «bombardeado» por información irrelevante, lo que reduce su capacidad de concentración y le lleva a desconectarse de la narrativa central de la empresa para centrarse únicamente en su supervivencia operativa diaria.

El coste del silencio organizacional: Cuando la falta de comunicación destruye valor

La comunicación interna no es un lujo decorativo; es una función crítica de mitigación de riesgos. Cuando la comunicación interna no funciona, no se produce el silencio, sino que se instalan el rumor y la desinformación, fenómenos que tienen un coste financiero tangible. El concepto de «coste del silencio» (Cost of Silence) revela que la falta de canales efectivos de feedback y denuncia interna puede llevar a desastres reputacionales y operativos masivos.

En términos de capital humano, el 36% de los empleados abandonan su puesto en los primeros 90 días cuando la realidad del trabajo no coincide con la comunicación recibida durante el proceso de onboarding.

El silencio no es solo la ausencia de palabras; es un comportamiento defensivo. El 73% de las organizaciones han experimentado fallos críticos vinculados a alertas que fueron ignoradas o suprimidas deliberadamente por los empleados debido a una cultura que no fomenta la seguridad psicológica para hablar. Cuando el empleado siente que su voz no importa o que señalar un problema puede perjudicar su carrera, opta por el silencio, y ese silencio perjudica a la organización.

¿Cuál sería la situación si no existiera la comunicación interna?

Para finalizar este artículo de una forma más optimista sobre la función de la comunicación interna, igual la pregunta que tendríamos que hacernos es cómo de peor hubiese sido el empeoramiento de los indicadores relacionados con el compromiso sin la comunicación interna.  

El ejercicio de imaginar una organización sin comunicación interna revela que, a pesar de sus imperfecciones, esta disciplina es el sistema nervioso central que permite la supervivencia de la entidad colectiva.

La comunicación interna es absolutamente necesaria, pero el modelo actual necesita algunos cambios para ayudar mejor a las organizaciones a conseguir sus objetivos estratégicos, sobre todo, aquellos que tienen que ver con las personas.

Creo que la comunicación debe evolucionar de un enfoque táctico-administrativo hacia uno estratégico-humanista. Los datos de Gallagher muestran que los comunicadores que triunfan (los «Thrivers») dedican el doble de tiempo a la escucha de las personas y a influir en las decisiones de negocio. Estos profesionales no solo envían mensajes; analizan datos, construyen relaciones transversales y gestionan la narrativa del cambio con una mirada a largo plazo.

La comunicación interna no puede intentar mitigar los problemas psicosociales y culturales complejos, que ahora están más presentes en las organizaciones, mediante soluciones tecnológicas y tácticas superficiales. El resultado es una fuerza laboral fatigada, desvinculada y lista para abandonar el barco al primer signo de agotamiento.

Revertir las tasas de absentismo y rotación, y conectar genuinamente con la Generación Z, exige que la comunicación interna se posicione como el corazón emocional de la empresa. No se trata de «informar más», sino de «conectar mejor». Esto implica reducir el volumen de ruido digital, devolver el protagonismo a la relación cara a cara —física o virtual, pero siempre humana— y garantizar que cada mensaje sea un ladrillo en la construcción de un propósito corporativo compartido.

 

 

Juan Villar, Director de comunicación de Mutualia, vocal de DIRCI

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